España estrena con éxito y alguna duda sobre su legalidad los hoteles exclusivos para adultos

14/03/10 6:02 PM | por mariajose |
Se admiten mascotas de hasta 10 kilos pero están prohibidos los niños. Así están las normas en el Cortisen Am See, a orillas del lago Sankt Wolfgang. El empresario Roland Ballner invirtió dos millones de euros en remozar este hotel austríaco, lo vetó a los menores y le arreciaron las críticas del gobierno regional, que llegó a tildar su rompedora decisión de «indignante». Pero él no estaba dispuesto a que sus 32 customizadas habitaciones sucumbieran a las trastadas de los críos. «No se alojarán aquí. Ahora puede sonar fuerte, pero otros seguirán mi ejemplo», zanjó en 2006. Cuatro años después, la modalidad ‘sólo para adultos’ empieza a extenderse con rapidez por España, como ha ocurrido ya en el Caribe. ¿A quién no le ha molestado un chaval malcriado en vacaciones?
Una docena larga de establecimientos de tres y cuatro estrellas y otros tantos alojamientos con encanto se lo han confirmado a V. Excluyen a los niños y lo advierten de forma bastante explícita, como el Hotel Levante Club & Spa en su aviso colgado en internet: «A partir del 1 de mayo de 2009 no se aceptan reservas con menores de 16 años».
En una lucha encarnizada por la especialización y la rentabilidad en tiempos de crisis, ofrecen lo que otros venden en fotos y luego no cumplen: piscinas en calma chicha, cafeterías con el volumen al mínimo y noches sin sobresaltos, infantiles, claro. «Los críos molestan y no son rentables. Duermen en camas supletorias, comen poco y mal y meten mucho ruido», coinciden sin tapujos directivos de distintas cadenas consultadas.
Los precios y características de este tipo de habitaciones son similares a los del resto de su gama. Desde 54 euros a 300 euros la noche. En la cala más apacible de Baleares, en el torbellino familiar de Benidorm o en el último rincón de Teruel. Adornados con geranios reventones o minimalistas orquídeas de aroma ‘lounge’. Dirigidos a jóvenes de presupuesto ajustado o a parejas con el medio siglo cumplido y la cartera más alegre. «Es muy difícil competir en nuestro sector, donde parecía que estaba todo inventado. Esta puede ser una salida curiosa para el hotel de siempre que debe actualizarse o para el nuevo, de tamaño discreto, que no puede rivalizar con los resorts», plantea el presidente de los hosteleros canarios y ‘número dos’ de la patronal española del sector, Fernando Fraile.
El propio director del Vanity Golf, en Mallorca, pensó que se habían «vuelto locos» cuando reformaron el hotel en 2007 y lo convirtieron en exclusivo para adultos. Se equivocó. «Funciona muy bien, la gente repite y demanda este tipo de servicio tranquilo», se maravilla Bartolomé Ramis. Alemanes, escandinavos, ingleses y españoles, por este orden, llenan muchas semanas sus 243 camas con vistas a la playa de Alcudia. Cuando algún despistado con niños se asoma a la terraza amenizada con ‘chill-out’, el personal del Vanity les invita a tomarse el refresco en otra parte. «Algunos lo entienden, pero también los hay que se enfadan».
Si lo hacen mucho y reclaman pueden tener a la ley de su parte. O no. «Es un terreno de lo más espinoso y la normativa no lo aclara de forma expresa y concisa», advierte Julia Clavero Navarro, del despacho madrileño ABA abogadas. Los límites del derecho de admisión varían por zonas, dado que la competencia de turismo está transferida y cada comunidad la desarrolla con plenas facultades. Para esta experta, impedir a los niños acceder a un complejo hotelero en Valencia, País Vasco, Cataluña o Madrid «es absolutamente discriminatorio y carece de amparo legal alguno». La organización de consumidores Facua recuerda, en cambio, cómo la Junta de Andalucía «permite restringir el paso a los menores si el establecimiento justifica muy bien sus razones y lo publicita en su oferta. Está bien tasado. Lo difícil es controlar el cumplimiento de la normativa», explica un portavoz.
Estrategias para vetar
La letra pequeña es siempre fundamental. Si no que se lo pregunten a un hostelero gallego. Sacó lustre a un pazo y lo adaptó incluso para discapacitados, pero en su web incluyó explícitamente el veto a los menores. La denuncia de un internauta le obligó a borrarlo «de inmediato» y a sustituirlo por un discreto «las instalaciones no están preparadas para satisfacer a los niños y adolescentes».
En el Magnolia de Salou lo han resuelto con una advertencia escrita en rojo para los despistados: «exclusivo para adultos y clientes de empresas. Máximo dos personas por habitación». La normativa no les permite «poner la señal de prohibido, pero no tenemos camas supletorias, ni cunas», aclara una empleada del hotel. Es uno de los pioneros. En junio de 2005 el grupo Reside reabrió estos antiguos apartamentos convertidos en el primer alojamiento sin niños de Salou. «Nos ha costado, pero al final la gente ha entrado y va a más».
El Hotasa Taburiente Playa, en La Palma, se animó hace un año con esta nueva modalidad de «no recomendado para menores». Sus clientes tienen una edad media de 50 a 60 años y, según su subdirectora, repiten por la tranquilidad. La cadena Iberostar, por su parte, explota ya en España cinco complejos «exclusivos para mayores de 14 años». En América tiene otros cinco, y en Croacia ha abierto el undécimo.
Para Javier Callejo, uno de los sociólogos que más atento sigue la evolución del ocio en España, confluyen dos factores determinantes para explicar el fenómeno. «Es una cuestión de diferenciarse al máximo entre tanta competencia y de que las generaciones más numerosas, las mayoritarias, las forman los hijos del baby-boom, que hoy rondan los cuarenta años y tienen pocos niños y bastante disponibilidad económica». Un jugoso nicho de 10,6 millones de españoles de entre 35 y 49 años, ávidos de un fin de semana sin lloros, baberos, ni mocos.

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